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La Coctelera

Las Islas. 5

5 sep 08

LAS ISLAS DEL PASADO. 5.-

Eran las 12 del mediodía y paseábamos por París. Mirábamos las puertas de todos los bares, pero ninguno de los dos se atrevía a entrar en ninguno, aunque los dos lo deseábamos. No sólo para beber, también para comer; pues teníamos hambre, hambre verdadera, ese hambre que se tiene después de haber estado bebiendo hasta bien entrada la madrugada.

Al llegar a la Place du Pont Neuf a ambos nos atrajo la Taberna Henri IV y entramos en ella sin saber que no saldríamos hasta bien avanzada la tarde.

Un mostrador de zinc, olor a aguardiente mezclado con el olor a guiso que salía de la cocina donde se afanaba la mujer del dueño en servir los platos para los comensales habituales.

Después de la segunda cerveza me fije en dos familiares siluetas sentadas a una de las mesas. Se despachan bien pues tenían la mesa llena de platos de entremeses que acompañaban con vino blanco.

-Ven Fernando, dije a mi acompañante, acerquémonos.

Cuando llegamos a la mesa, mi acompañante dijo con su característica voz poéticamente pausada: -Señores, permitan que me presente. Yo soy Fernando Arrabal, escritor y dramaturgo español, maldito en mi tierra y transterrado en la gran France dónde es reconocida y aplaudida mi excelsa inteligencia. Esos entremeses que ustedes toman estarían mejor acompañados de una buena fuente de pichones.

El dueño de la cervecería que escucho lo de los pichones se acerco con su camisa remangada nada más terminar de servir unos vinos en el mostrador.

Dirigiéndose a nuestros anfitriones dijo: -Señores, precisamente hizo ayer mi señora unos pichones en escabeche que tenía previsto servir mañana como plato fuerte, pero si desean puedo servírselos ahora.

Tráigalos y acerque dos sillas para estos señores si desean acompañarnos.

Por supuesto, dije inmediatamente, pues no eran otros que Georges Simenón y el Comisario Maigret.

Terminadas las presentaciones el camarero trajo más vasos y otra frasca de vino blanco. Y así entre entremés y entremés, llegaron los pichones.

Comenzamos a comerlos y como viera Símenón que mi compañero sólo tomó una tajada, le dijo: -¿No quería usted pichones? ¿ Por qué se conforma con un solo trozo?

-Sepa usted mi admirado Simenón que las cosas que se desean cuando ya se tienen no sirven para nada, ahora me gustaría comer unos buenos arenques.

Pues no se hable más, camarero traiga arenques, dijo Simenón, siempre buen anfitrión, aun sabiendo que Fernando sólo los probaría. Mejor para él pues era su plato favorito y los tomaba habitualmente en el desayuno.

Para asombro del maitre de un gran hotel donde se alojo una temporada cuando pidió rollmops y dos cervezas para desayunar y le sirvieron pasado un buen rato unos filetes de arenque adornados con huevo duro, aceitunas y mayonesa finamente presentados.

-¿No tienen ustedes rollmops de verdad, pregunto?

Simenón comió aquellos arenques de lujo, pero al día siguiente cuando se sentó a la mesa puso un gran frasco de auténticos rollmops. Como el maitre era un gran profesional preguntó:

-¿Cuántos le sirvo?

-Dos, con dos cervezas.

Al terminar la comida, a instancias de Maigret nos sirvieron unos vasos de calvados. Uno, otro, otro,…

-El calvados es una bebida excelente, es como el orujo español, pero con un sabor más agradable. Pero ahora nos vendrían muy bien unas copitas de anís. ¡Camarero! traiga una botella de anís y unas copas.

Eres un exagerado Fernando, de dije.

-No creo que más que nuestro amigo Simenón.

-¿Porqué lo dice? replicó Simenón.

-No negará que usted fue un auténtico exagerado. -Fue exagerado escribiendo, pues se cuentan por cientos sus relatos y novelas; fue exagerado fornicando, pues se dice que se acostó con 10.000 mujeres; fue exagerado gastando dinero, pues con los derechos de sus libros y de las adaptaciones para el cine ingresó grandes cantidades de dinero que despilfarró en sus casas, castillos y en los hoteles más caros, fue exagerado queriendo a sus hijos, fue exagerado comiendo, bebiendo.

-No crea todo lo que se dice de mí. Mis mujeres sólo han sido mil, lo otro lo dicen las malas lenguas. En cuanto a mis hijos han sido mi única riqueza que intente administrar con codicia. Un ejemplo de ello fue cuando me divorcié de Tigy, mi primera mujer. Hice concesiones económicas más que millonarias con la única condición que Tigy, que se quedaba con la custodia de nuestro hijo Mark, no viviera más lejos de 50 millas de donde yo lo hiciera, para poder verle cuando yo lo deseara.

-Y usted que se considera una persona humilde ¿como ha vivido una vida tan exagerada?

-Nunca he dado valor al dinero, que a partir de cierta época gané con tanta facilidad. No he tenido avaricia de guardar y lo he disfrutado no sabe usted de que manera. Pero en ningún momento ha sido por vanidad. En mis casas, en mis castillos, en los grandes hoteles en los que me he hospedado, nunca me he considerado el amo y señor; y nunca he menospreciado a ninguna de las personas que me han servido; al contrario siempre busqué conocer a la persona.

-Por otro lado, continuó, siempre he deseado una vida sencilla junto a una mujer sencilla, pero no lo conseguí hasta el final. Si usted analiza mi obra sobre el comisario Maigret, creé un personaje humilde y sencillo, con una vida personal nada apasionante y una mujer cuya única preocupación era hacerle la vida agradable. Yo en cambió, viví sobre todo con mi segunda mujer un camino cada vez más tortuoso hasta que afortunadamente encontré a la que me dio la tranquilidad y la serenidad que tuve en mis últimos años.

Maigret escuchaba entre ofendido y resignado, pues si bien su vida profesional era intensa la privada era insulsa.

Terminada la comida y la conversación salimos a la calle Arrabal y yo.

-Te dejo Fernando, voy a mi hotel a dormir, mañana nos vemos.

-Perdón, ¿quién es usted, caballero?

Sé que la mayoría de los genios son despistados, que sólo piensan en ellos y no dan la más mínima importancia a los demás (Arrabal es un genio), pero consideré una gran ofensa que después de pasar más de un día con él: de beber, comer y charlar me ignorase de esa manera. Por lo cual no quiero saber nada más de ese impresentable.

Nota: Los auténticos rollmops se componen de un filete de arenque crudo enrollado a un pepinillo, condimentado con especias y macerado en vinagre con crema de leche.

doctor mostacilla

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